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Enfoque en dos partes del seguimiento y localización en entornos urbanos y suburbanos

Concepto de conexión digital inalámbrica 5G y futuro Internet de las cosas

A medida que las empresas se preparan para reabrir y los estudiantes regresan a las aulas de todo el país, el seguimiento y la localización son fundamentales para mitigar posibles repuntes de los casos de COVID-19. Cuanto mayor sea la densidad de población de una ciudad, más difícil resultará llevar a cabo el seguimiento y la localización. Sin embargo, reactivar las zonas urbanas y suburbanas es fundamental para reactivar la economía estadounidense.

El seguimiento y la localización suponen un gran reto por varias razones, entre ellas la resistencia de la población —desde el uso de mascarillas hasta el distanciamiento social— a permitir que terceros vigilen su ubicación e identidad a través de dispositivos móviles. Además, hay que resolver la cuestión de cómo priorizar dónde debe centrarse el seguimiento y la localización, y cómo y cuándo recurrir a la automatización frente a los investigadores humanos.

Una combinación de Internet de las cosas (IoT), mensajes orientados a la comunidad y basados en la psicología, y análisis de macrodatos podría ser la clave para reabrir la economía con éxito.

Con un poco de ayuda de mis amigos

Por muchos agentes que se movilicen, la tarea resultará insuperable sin un cambio de comportamiento impulsado por un cambio de mentalidad. Existen programas actuales y pasados que ofrecen lecciones, orientación y pruebas de que el comportamiento puede cambiarse. Por ejemplo, las campañas antitabaco estaban muy segmentadas, con mensajes diferentes para los fumadores menores de edad y para los adultos. En ambos casos, el objetivo era utilizar las expectativas sociales como medio para cambiar el comportamiento. En el caso de la lucha contra la conducción bajo los efectos del alcohol, las campañas publicitarias se centraban en la presión de grupo y ofrecían una recomendación de comportamiento positivo —un conductor designado— junto con las consecuencias de conducir ebrio.

Estos programas han tenido éxito, pero la sociedad ha tardado años —y, en algunos casos, décadas— en adaptarse a las nuevas normas y expectativas. La clave está en aprovechar tantos canales diferentes como sea posible, utilizando tantos mensajes y mecanismos distintos como sea posible, y combinándolos con el análisis de macrodatos para determinar qué funciona y qué no.

Los alcaldes, los ayuntamientos, las juntas comarcales y otras instituciones gubernamentales deberán recurrir a organizaciones locales —como las de turismo y viajes, información sobre salud pública, concesión de licencias e inspecciones, el 311 y los portales de servicios municipales— para ayudar a difundir mensajes sobre el distanciamiento social y el uso de mascarillas. También deberán aprovechar los canales de comunicación existentes y nuevos, como las líneas de denuncia anónima a través de perfiles designados de Snapchat e Instagram, los chatbots en línea y las llamadas telefónicas gratuitas, para garantizar la cooperación del público, así como su disposición a participar en programas automatizados de rastreo y seguimiento.

Aquí es precisamente donde el análisis de big data puede resultar útil, siempre que se pueda implementar rápidamente la ciencia de datos adecuada y el almacén de datos subyacente. En la mayoría de los casos, la necesidad de recopilar rápidamente los datos pertinentes de múltiples servicios municipales, así como sus flujos de clics web, transacciones, conversaciones y otras comunicaciones que requieran análisis, se gestiona mejor en una plataforma en la nube.

IoT: la pieza clave del rompecabezas

En el caso de aquellas personas que acepten que se realice un seguimiento de sus dispositivos móviles, las administraciones locales deberán colaborar con los proveedores de servicios móviles para facilitar el seguimiento de la ubicación y las identidades (anonimizadas) a medida que se desplazan de una torre de telefonía móvil a otra, utilizando al mismo tiempo las torres de telefonía móvil para triangular su posición. Muchos proveedores de servicios móviles ya disponen de análisis de red basados en datos de medición por llamada que pueden reutilizarse para este fin, pero la información de las torres de telefonía móvil es solo una parte del rompecabezas.

Identificar las ubicaciones, las condiciones de las mismas y quién se encuentra en ellas a partir de los teléfonos móviles es la otra parte, y la más importante, de la ecuación. Sin embargo, las ciudades cuentan con cierta infraestructura de IoT que puede aprovecharse para respaldar los programas de seguimiento y rastreo. Por ejemplo, las cámaras de videovigilancia existentes pueden utilizarse para evaluar el distanciamiento social y el uso de mascarillas mediante algoritmos de detección facial y de movimiento. Estos datos también pueden combinarse con los datos de análisis de red para revisar las grabaciones de aquellas personas que hayan estado en contacto con alguien con COVID, confirmando si llevaban puesta una mascarilla y durante cuánto tiempo, y a qué distancia se encontraban dentro del perímetro de 1,8 metros.

La incorporación de soluciones de IoT económicas puede mejorar aún más el análisis de resultados de los programas de cumplimiento de seguimiento, localización y contención de la propagación a los que se haya optado voluntariamente. Por ejemplo, en trenes y autobuses, la separación entre asientos puede supervisarse mediante sensores de presión o LED con señalización por radiofrecuencia (RF) a una Raspberry Pi local situada en el autobús o vagón. De este modo, se determina la densidad de ocupación de los asientos y si las personas están respetando las directrices de ocupación. Esto también podría aplicarse a aulas, cines y servicios de taxi o de transporte compartido.

El problema es acuciante, pero el uso de dispositivos y datos del IoT nos ofrece alternativas y una forma de actuar con rapidez. La combinación del análisis de macrodatos y el IoT para respaldar programas inteligentes integrales brinda a los gobiernos locales la oportunidad de reactivar sus ciudades y sus economías locales, al tiempo que permite evitar mejor posibles repuntes de la COVID-19 este otoño.